El periodismo que avala la desinformación

Sobre la “desinformación” hizo hincapié el periodista Hugo Alconada Mon, un fino observador y pertinaz habitante del espacio de profesionales dedicados principalmente a las notas de investigación. La “desinformación” como herramienta entronizada en la Argentina de hoy y que el oficialismo administra con resultados que están a la vista.

La desinformación no es pariente del periodismo, más bien es un virus que lo detona. Una malformación que fue creciendo al compás de las nuevas tecnologías emergentes a mediados de la década del 90. La política no demoró en tomar nota del tema.

Desde el poder se dejaron tentar con la instancia de querer construir o modificar la realidad por sobre la realidad misma. Sin importar si la gestión resulta eficiente, si las decisiones son las correctas, si una obra resolverá problemas de la gente, para el poder será como deba ser en función de sus intereses. Y si la situación requiriese ser omitida, el mecanismo se encargará que lo sea. La información es poder.

Alconada Mon, en un programa radial de Izquierda Diario, hizo un repaso sobre la coyuntura nacional que volcó desde diferentes ángulos en su último libro, “La raíz de de todos los males”, y dejó expuesto un tema tabú en el mayoritario mundo periodístico local.

“Se puede cobrar por hablar bien de una empresa, cobrar por hablar mal de una empresa de una empresa rival de aquel que te paga; cobrar por el silencio”, graficó el periodista que trabaja en el diario La Nación desde una mirada enfocada al sector privado.

Agregó que “cuando todos hablan de Oderbretch, hay alguno que te habla del clima…” al aludir a la investigación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos publicada en 2016 sobre la constructora brasileña en la que se investigan el pago de coimas y sobornos a funcionarios gubernamentales de una docena de países, entre los cuales figura Argentina.

“Ocurre con múltiples casos. Nos reímos con varios colegas amigos, periodistas de investigación que nos sorprende que cuando nosotros nos estamos matando para revelar datos, que te das cuenta que publicás algo que es incómodo para el poder y todos miran para otro lado”, apuntó.

No dudó en afirmar que “hay todo un sistema montado para esto, para la desinformación. Hay animadores televisivos que cobran por distraer a la gente”.

El poder puede diseñar la realidad a su gusto porque dispone de jugadores dispuestos a jugar su juego. Una pauta publicitaria (dicen que “por la pauta baila el mono”), un sobre a la vieja usanza, un favor, un contrato, una asesoría, un variado menú de alternativas.

Cierran empresas tradicionales, despiden periodistas a granel, alteran condiciones de trabajo al punto de la precarización, pero de estos temas no se ocupan las principales organizaciones periodísticas que se jactan de estar pensando en los “desafíos” que afronta la profesión en términos vagos, como si la supervivencia no fuera un desafío en estos tiempos; como si no fuera un desafío doblegar al destrato.

El periodismo en Argentina pasa por una crisis sin precedentes desde el regreso de la democracia, en 1983. Desde la dignidad, la creatividad y la garra, hay una franja de profesionales dispuestos a seguir dando batalla.

prensa

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s