Siempre Vilas…

Eran vísperas del regreso de la democracia en Argentina y un proyecto de periodista se sentó micrófono en mano delante de un enorme exponente del deporte internacional y creador del nuevo tenis en el país, además de su ídolo: Guillermo Vilas. Fue la primera entrevista del joven barbado, tembloroso en la ocasión, que afrontó como algo mágico. Un novato frente un gigante. Hoy, un periodista de extenso y fructífero recorrido, que mira con el mismo respeto al mismo gigante, de 67 años, que pasa por un difícil momento.

Un cielo gris oficiaba de techo al sábado del Buenos Aires Lawn Tennis Club en el que Vilas eligió el lugar con una toalla en el cuello y le dijo al joven: “Tranquilo, no hay apuro”. Y el joven se enredaba con un cable, mientras su novia (compañera de estudio y de la vida) acomodaba una cámara amateur buscando una escena lo más parecida a una profesional, de las clásicas de equipos de TV.

El hombre de 3 metros (así lucía ante el estudiante) y brazo izquierdo súper desarrollado, acomodaba su vincha (elemento clave en su figura) mientras esperaba que la dupla pusiera el play. Puesto el play, transcurrieron unos 10 minutos de pocas e imprecisas preguntas, con respuestas más de un docente que de un deportista clásico. Fue generoso, notó claramente la situación.

El veterano periodista de hoy siempre quiso escribir una nota como esta, en la que recorriese aunque más no sea desprolijamente su frustrada vocación de tenista profesional en los courts del Racing Club de Avellaneda, sus comienzos en el mundo del cuarto poder y, sobre todo, la magnitud del personaje que enroscaba dándole top spin a la pelota de la misma manera que lo inspiró para nunca bajar los brazos.

Las brillantes estadísticas de Vilas en el campo profesional del tenis están en la memoria y en Internet, no hace falta describirlas en este espacio. El periodista que inició su camino en el deporte y la vida lo llevó a la política y la especialización en comunicación, hoy quiere ubicarlo nuevamente en el centro de la escena. Porque si.

La falta de ese talento que simplifica la existencia de muchos deportistas, Vilas la suplió con dedicación, disciplina y gran esfuerzo. Pero no sólo llegó… Vilas marcó un antes y un después en el tenis de la Argentina. Dejó atrás al deporte blanco para darle color, rompió las barreras del elitismo tradicional para permitir, por caso, que este escriba de medios recursos pudiese empuñar una Wilson nacional de madera (raqueta).

“Gran Willy” como marca registrada, de personalidad compleja,  hoy juega su partido más difícil lejos de la Argentina que lo adoró, lo recuerda y siempre sostendrá, aunque no lo hayan visto en cancha el “¡shh shh Vilas!”.

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